La cantidad de personas que reciben los sacramentos de la Iglesia Católica ha disminuido en los últimos años en Humacao, una realidad que refleja cambios profundos en la vida espiritual y social de la comunidad, explicó el rector y vicario episcopal de la Concatedral Dulce Nombre de Jesús de Humacao, padre Luis Manuel Ruíz Lebrón.

Durante una entrevista con El Oriental, el sacerdote aclaró que la disminución no afecta la esencia de los sacramentos, sino el número de personas que participan de ellos.

“La calidad sigue siendo la misma porque el sacramento es el sacramento. No hay una reducción del sacramento, sino una reducción de la cantidad de personas”, sostuvo.

Como ejemplo, mencionó que recientemente solo 16 adultos completaron el proceso de iniciación cristiana y recibieron la confirmación, una cifra que coincide con el número de niños que participaron de la iniciación al sacramento de la Eucaristía durante la celebración de la Santísima Trinidad.

Ruiz Lebrón señaló que la reducción también se observa en el sacramento de la reconciliación, conocido tradicionalmente como confesión o penitencia. Explicó además que la Iglesia ha revisado algunos términos pastorales para enfatizar la continuidad de la vida sacramental.

“Cuando se decía primera comunión, muchas veces hacía la primera y la última. Ahora hablamos de iniciación al sacramento de la Eucaristía, porque se trata de comenzar un camino que continúa todos los domingos y que conduce a la confirmación”, explicó.

Al analizar las causas de esta disminución, el sacerdote identificó como uno de los principales factores el crecimiento de una actitud social que definió como “indiferentismo”.

“Antes era como el ateísmo, pero la Iglesia bregó con el ateísmo. Ahora estamos ante un ‘indiferentismo’ abierto, una actitud de que todo me resbala”, afirmó.

Según el rector, quienes con más frecuencia promueven actualmente los bautismos y otros sacramentos son los abuelos y bisabuelos, mientras que muchos padres muestran menos interés por estas prácticas religiosas.

“Los papás no están pendientes a eso. Existe una actitud de ‘indiferentismo’ que permea en todos lados”, expresó.

El sacerdote también relacionó este fenómeno con una disminución en la búsqueda espiritual y con los cambios provocados por la tecnología y las redes sociales. A su juicio, aunque las herramientas digitales permiten una comunicación constante, han reducido los espacios de diálogo personal.

“Es curioso que es cuando más nos comunicamos con todos los medios habidos y por haber, y es cuando menos nos comunicamos como personas”, expuso.

Añadió que la facilidad para acceder a información mediante teléfonos celulares, redes sociales e incluso herramientas de inteligencia artificial puede fomentar el aislamiento.

“Se crea una especie de burbuja. Tengo toda la información aquí y entonces no veo la necesidad de hablar con otras personas”, comentó.

No obstante, Ruiz Lebrón insistió en que la respuesta de la Iglesia no puede consistir en alterar el mensaje cristiano para adaptarlo a las tendencias del momento.

“Yo no puedo cambiar el Evangelio. La palabra de Dios es la misma con inteligencia artificial o sin inteligencia artificial. No puedo maquillarla ni desvirtuarla”, sostuvo.

Para el sacerdote, el núcleo del mensaje cristiano sigue siendo el amor entendido como entrega y ausencia de amargura. Citando las enseñanzas de Jesús, propuso una reflexión sencilla sobre la convivencia humana.

“No le haga la vida amarga a nadie. Aunque me hagan la vida amarga, yo voy a devolver amor. Eso fue lo que hizo Jesucristo”, expresó.

A pesar de la disminución en la participación sacramental, el religioso consideró que la necesidad espiritual continúa presente. A su entender, el desafío consiste en que las personas vuelvan a encontrar en la fe una fuente de sentido en medio de una sociedad cada vez más enfocada en la inmediatez, la tecnología y la acumulación de experiencias materiales.

“Si yo me lleno de Jesús, mi espiritualidad va a subir grandemente. Pero si me lleno solamente de cosas, no puede ser”, opinó.

Las expresiones del sacerdote fueron refrendadas en el estudio “La vida religiosa y la espiritualidad de los puertorriqueños”, de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, en el que se muestra una creciente brecha entre la alta afiliación religiosa y la disminución de la participación en las prácticas institucionales de la Iglesia.

El estudio se presenta enmarcado en un contexto global de resurgimiento religioso, reflejado en un aumento de la participación en prácticas religiosas en varios países. En Puerto Rico, esta transformación está influenciada también por el liderazgo de la Iglesia católica y los debates geopolíticos sobre espiritualidad e identidad.

Jesús Vélez Méndez, uno de los investigadores principales, afirmó que “la religiosidad en Puerto Rico sigue siendo significativa, pero se expresa de nuevas maneras. Para la mayoría, la religión se vive como una ética social centrada en ‘hacer el bien’, mientras que los jóvenes la reinterpretan de manera más flexible”.

Entre los hallazgos cuantitativos principales del estudio, un 85% reconoce que eventos como huracanes y la pandemia han impulsado una reflexión más profunda sobre la espiritualidad. Además, se observa una tendencia hacia una espiritualidad más privada, con mayor énfasis en la oración personal y menor participación en rituales institucionales.

El cuestionario exploró hábitos religiosos, percepción de la Iglesia, prácticas espirituales y el significado de Dios, con una muestra de 1,175 personas mayores de 21 años, residentes en los 78 municipios de Puerto Rico.

Los resultados cualitativos muestran que muchas personas construyen su visión de Dios combinando influencias culturales, redes sociales y experiencias personales, como un “catálogo” de creencias.