Para los humacaeños Alanis Rodríguez y Yeranthony Martínez bailar es mucho más
que una profesión. Es una forma de vida que comenzó en la infancia, entre academias,
ensayos y largas horas de práctica, y que hoy les permite representar a su pueblo en
escenarios nacionales e internacionales mientras inspiran a nuevas generaciones de
artistas.

Humacao ha sido la cuna de estos dos jóvenes que encontraron en la danza una
vocación capaz de transformar sus vidas. Los actuales participantes del programa de
televisión Claro que Baila han logrado abrirse paso en una industria altamente
competitiva gracias a una combinación de talento, preparación académica y
perseverancia.
Según Rodríguez, el baile siempre fue parte de su vida, desde antes de tener
conciencia de ello. Creció entre ensayos, música y coreografías en una academia
fundada por su madre y una tía en Humacao, un entorno que terminó definiendo su
futuro profesional.
“Mi mamá me metió a bailar, como uno empieza. Y naturalmente me quedé porque me
enamoró. Se convirtió en mi pasión. Yo me crie viendo a mi mamá bailar y ensayar.
Pasaba prácticamente todo el día en la academia”, recordó la joven bailarina de 24
años durante una entrevista con El Oriental.
Desde pequeña desarrolló destrezas en diversos géneros, incluyendo ballet, jazz, hip
hop y danza folclórica. Sin embargo, fue el jazz comercial el estilo que más llamó su
atención.
“Veía los bailarines detrás de los artistas y siempre quería ser uno de ellos. Cuando
miro para atrás, he logrado hacer todo lo que quería”, expresó.
Cursó un bachillerato en danza con concentración en educación en la Universidad del
Sagrado Corazón, donde complementó su experiencia comercial con estudios de
danza contemporánea y experimental.
Las oportunidades profesionales llegaron temprano. Antes de alcanzar la mayoría de
edad ya participaba en espectáculos y giras junto a artistas urbanos como Alex Rose,
Kendo Kaponi y Miky Woodz.
Posteriormente amplió su trayectoria internacional con presentaciones en Estados
Unidos, Europa y Sudamerica, además de acompañar a figuras como Manuel Turizo, El
Alfa, Joey Montana, Randy Nota Loca, Eddie Dee y Lenny Tavárez.
“Gracias a Dios he tenido la oportunidad de conocer el mundo haciendo lo que amo”,
afirmó.
Ahora, su rol en el programa consiste en entrenar a celebridades sin experiencia previa
en danza: “Se trata de enseñar a bailar a una persona que no baila y llevarla a
presentarse frente al público. Es un reto grande, pero también muy gratificante”.
La historia de Yeranthony Martínez comparte varios puntos en común. También nació
en Humacao, también descubrió la danza desde niño gracias a su madre y también
convirtió una pasión en profesión.

“Yo tengo una familia de bailarines. Siempre digo que quien me introdujo al baile fue mi
mamá”, relató a El Oriental.
Su madre participó como bailarina en ceremonias de los Juegos Panamericanos,
experiencia que despertó en él la curiosidad por el arte del movimiento. Aunque
comenzó practicando bailes urbanos y sociales, a los 12 años decidió buscar una
formación más técnica e ingresó a una academia de danza.
Durante sus años en la Escuela Vocacional Manuel Mediavilla Negrón continuó
desarrollando su talento, hasta que tomó una decisión poco convencional al graduarse
de escuela superior.
“Decidí que no quería estudiar nada de lo común. Quería estudiar danza”, recordó.
Martínez formó parte de la primera clase graduanda del bachillerato en danza de la
Universidad del Sagrado Corazón, un paso que marcó el inicio de una carrera
profesional construida a base de disciplina y perseverancia.
Sin embargo, el camino estuvo marcado por momentos difíciles. Mientras cursaba sus
estudios universitarios perdió a su madre, una experiencia que transformó su
motivación.
“Me quedé con que debía enorgullecerla y que sus sacrificios tuvieran valor. Le metí
mano con todo”, expresó.
Esa determinación lo llevó a continuar su formación en Puerto Rico, Estados Unidos,
México, República Dominicana y Curazao, participando en talleres y programas
especializados para ampliar sus conocimientos.
Entre sus proyectos más destacados figuran los musicales Chicago y Hell’s Kitchen,
además de presentaciones junto a la cantante cristiana Christine D’Clario en el Coliseo
de Puerto Rico.
Hoy, a los 29 años, combina su carrera artística con la enseñanza. Es maestro en la
Escuela Especializada en Bellas Artes Anita Otero Hernández y también ofrece clases
en academias privadas, incluyendo entrenamiento en danza aérea con telas.
“He sido uno de los afortunados que ha podido vivir de su pasión y de lo que estudió”,
afirmó y luego recordó que cuando lo llamaron del programa “no lo podía creer. Lloré.
Para nosotros, los que nos dedicamos a esto, una oportunidad así es gigantesca”.
Aunque ambos pertenecen a generaciones distintas, comparten una misma convicción
sobre el significado de la danza en sus vidas. Para Rodríguez, bailar es “vida,
motivación y una forma de salir de los problemas cotidianos”. Para Martínez, la
definición es aún más simple y contundente.

“Para mí la danza significa todo. Es mi vida, es lo que me hace feliz y lo que me hace
sentir libre”, puntualizó.