Mucho antes de estudiar asteroides, analizar datos de misiones espaciales y trabajar para la NASA en Maryland, Andy López Oquendo era un niño del barrio Buena Vista de Humacao que pasaba parte de sus días explorando el mundo que tenía alrededor.

No creció pensando necesariamente que terminaría formando parte de algunas de las investigaciones espaciales más importantes de la actualidad. Su camino hacia la ciencia comenzó con algo más sencillo: la curiosidad.

“Yo crecí siendo un niño normal. Me encantaba todo lo que fuera del exterior, estar por ahí con los animales. Me encantaban”, recordó López Oquendo en entrevista telefónica con El Oriental en vísperas de un nuevo año escolar, cuando la educación vuelve a ser tema de conversación.

En el caso del humacaeño, esa inquietud por descubrir cómo funcionaban las cosas fue creciendo con los años hasta convertirse en una fascinación por la ciencia y, particularmente, por la astronomía.

“Cómo me fui fascinando o interesando por la ciencia fue algo que fue poco a poco. Desde pequeño me encantaba ver las cosas del espacio y progresivamente fue creciendo en mí ese interés”, explicó.

Fue durante sus años de escuela superior cuando esa curiosidad comenzó a tomar forma. Un proyecto de feria científica entre 2013 y 2014, realizado mientras estudiaba en la escuela Petra Mercado Bougart de Humacao, abrió una puerta que cambiaría su trayectoria.

Con la colaboración de investigadores vinculados al Observatorio de Arecibo, desarrolló una investigación que le permitió representar a Puerto Rico en una competencia internacional en Los Ángeles.

“Allá gano un premio y se me da esa oportunidad de decir: mira, soy bueno en esto y me encanta lo que hago”, relató.

En ese proceso hubo una persona que, según él, tuvo un papel determinante: su maestra Gilda Jiménez.

“Si no hubiese estado la profesora Gilda Jiménez, sinceramente yo digo que quizás mi camino iba a estar trazado, pero ella fue esa gota que formó la copa”, expresó.

López Oquendo explicó que fue ella quien lo ayudó a conseguir sus primeras experiencias de investigación y a establecer contactos con científicos que marcaron sus primeros pasos profesionales.

“Ella me introdujo, me ayudó a conseguir los contactos cuando yo era estudiante de escuela superior para hacer investigaciones con profesores en la Universidad de Puerto Rico en Humacao. Ella pulió esas primeras experiencias y esas primeras relaciones mías con la ciencia y la astronomía”, indicó.

Su formación científica también estuvo acompañada por el ejemplo de su familia. Hijo de una madre dedicada al hogar y un padre técnico de refrigeración, López Oquendo describió sus raíces como las de una familia humilde y trabajadora.

Además, destacó la influencia de su hermano mayor, a quien considera una figura importante en su desarrollo personal.

“Mi hermano mayor siempre fue una referencia para mí. Me enseñó mucho como persona, cómo ser mejor cada día, y eso también ha impactado la ciencia que hago”, sostuvo.

Luego de graduarse de escuela superior, decidió continuar sus estudios en la Universidad de Puerto Rico en Humacao, donde completó un bachillerato en Física y comenzó a integrarse a investigaciones relacionadas con la astronomía.

Esa combinación de curiosidad, disciplina y propósito lo llevó a continuar su preparación académica fuera de Puerto Rico. Tras completar su bachillerato, se trasladó para realizar su doctorado y posteriormente llegó a trabajar como científico postdoctoral para la NASA.

Hoy forma parte de equipos de investigación vinculados a las misiones Lucy y OSIRIS-APEX, donde estudia asteroides y analiza información que podría ayudar a comprender mejor la formación del sistema solar y desarrollar estrategias de defensa planetaria.

Sin embargo, para López Oquendo, la ciencia no se trata solamente de estudiar objetos lejanos en el espacio, sino de encontrar una manera de aportar a la humanidad.

“Cuando escogía el campo en el que me quería especializar, pensaba cómo uno encuentra una motivación diaria en algo que tú digas: quiero levantarme y dar el máximo de mí. Me enfoqué en los asteroides porque representan una aportación a la ciencia, pero también a la población civil mediante la defensa planetaria”, explicó.

Su trabajo lo llevó a ser reconocido con el nombre de un asteroide. López Oquendo fue distinguido por sus aportaciones al estudio de asteroides cercanos a la Tierra, su labor en la caracterización de las propiedades físicas y dinámicas de estos cuerpos rocosos, junto a su participación en misiones de alto nivel de la NASA y sus investigaciones postdoctorales que han contribuido al entendimiento de la formación y evolución del sistema solar.

Ese camino lo ha llevado a laboratorios, observatorios y conferencias alrededor del mundo, desde Europa hasta América del Norte, donde ha compartido investigaciones con científicos de diferentes países.

Pero a pesar de esa trayectoria internacional, hay otros viajes que López Oquendo destaca: “Es la curiosidad realmente la que te puede llevar por otros caminos. No necesariamente a la astronomía, pero esa curiosidad es lo que te impulsa a descubrir”.

Hoy, con 29 años, se encuentra ayudando a descifrar algunos de los misterios del espacio y ya tiene “colgado” a su pecho, como una medalla, un asteroide de entre cinco y siete kilómetros de diámetro que lleva su nombre.