Lo que comenzó como un proyecto académico que buscaba acercar a los estudiantes al mundo de las abejas se transformó en una experiencia educativa que hoy involucra a toda la comunidad de la escuela Rogelio Rosado Crespo de Yabucoa.
La iniciativa comenzó a tomar forma hace cerca de cuatro años, cuando Yamilys Roldán Fontanés asumió la dirección del plantel y la maestra de Ciencias Karen Cintrón le habló sobre un proyecto que ya había comenzado en la escuela y que contaba con el respaldo de organizaciones de Estados Unidos, entre ellas Wal Kid Fundation y Because Project.
“El proyecto era para trabajar con abejas. Ellos nos daban dinero para sembrar y para colocar una colmena”, explicó a El Oriental la directora, quien encontró que había un exhibidor disponible, pero faltaba conseguir quién pudiera instalar una colmena de manera segura.
La directora acudió entonces a Edward Cruz, apicultor del barrio Mariana de Maunabo, quien aceptó colaborar con el proyecto y acudió a la escuela para evaluar el lugar donde se instalaría la colmena.
Pero Roldán Fontanés decidió involucrarse más allá de la administración del proyecto. Ante la recomendación del apicultor, se matriculó en la Escuela de Apicultura del Este y se certificó como apicultora.
“Mi primera experiencia bregando con una colmena fue algo tan fabuloso que me enamoré de las abejas. Eso fue amor a primera vista”, relató.
Desde entonces, la escuela ha trabajado con varias colmenas y ha ido ajustando el proyecto a las condiciones del entorno. Actualmente cuenta con una colmena instalada dentro de un exhibidor de cristal ubicado en un salón. Las abejas pueden entrar y salir mediante un tubo conectado al exterior, mientras los estudiantes observan desde una distancia segura lo que ocurre dentro de la colonia.
La experiencia ha permitido que los alumnos desarrollen una relación distinta con estos insectos. Para la directora, uno de los principales logros ha sido enseñarles que las abejas no deben ser vistas únicamente como animales que pueden picar, sino como parte esencial del ecosistema.
“La idea es que los niños entiendan que yo no le tengo miedo a las abejas, sino que yo respeto el área de las abejas. Si yo respeto a las abejas, las abejas me van a respetar a mí”, sostuvo.
La colmena también se convirtió en una herramienta para integrar distintas materias. En Ciencias se estudia el comportamiento y desarrollo de las abejas; en matemáticas se analizan datos relacionados con sus movimientos; en estudios sociales se aborda la historia y la importancia de los polinizadores, mientras que español e inglés se utilizan para desarrollar vocabulario, escritura, libretos y materiales informativos.
Incluso estudiantes de grados elementales trabajan en proyectos de comunicación, incluyendo un pequeño noticiario bilingüe y publicaciones informativas sobre el proyecto.
La iniciativa ha crecido con la colaboración de investigadores universitarios. Recientemente, estudiantes participaron en una experiencia de bee hunting, en la que investigadores les enseñaron a identificar colonias cercanas y observar el comportamiento de las abejas.
Además, la Universidad de Puerto Rico comenzó a instalar instrumentos para recopilar datos de la colmena, incluyendo sensores de sonido, calor y temperatura. Se contempla añadir sensores de CO₂ y cámaras con inteligencia artificial para ampliar la información científica que pueda obtenerse.
A futuro, Roldán Fontanés espera ampliar la experiencia mediante la creación de un apiario fuera del plantel, donde los estudiantes puedan tener contacto directo con las colmenas utilizando el equipo de protección adecuado y eventualmente cosechar miel.
“Nosotros queremos que los estudiantes puedan tener la experiencia completa”, explicó.




