Para Luis Mantero, reabrir El Tenedor no representa únicamente volver a operar un restaurante, sino rescatar parte de su historia familiar y de su infancia, en un espacio donde creció entre parrillas, empleados de toda la vida y clientes que nunca dejaron de
preguntar cuándo regresaría.
Y ese momento llegará, mañana, jueves, a nueve años de un cierre obligado tras el paso del huracán María, con reservaciones llenas para su primer día, comentarios virales en redes sociales y el regreso de empleados históricos, pero también con el
sabor de siempre y nuevas propuestas para el paladar de los clientes.
La historia del emblemático restaurante tiene raíces en un edificio que se remonta a principios del siglo XX, cuando funcionaba como una destilería de ron propiedad del abuelo de Luis Mantero, actual dueño del negocio. “Originalmente era una destilería de mi abuelo, desde 1915 hasta 1942. Después estuvo abandonado hasta el 1976, cuando mi papá decidió convertirlo en restaurante”, relató Mantero durante entrevista con El Oriental.
Ese cambio marcó el inicio de una historia que ha atravesado generaciones. Su padre, un ingeniero mecánico peruano que llegó a Puerto Rico atraído por el programa de industrialización conocido como “Manos a la Obra”, se estableció en la Isla tras conocer
a quien sería su esposa. “Se arraigó aquí, se hizo más puertorriqueño que todos nosotros”, recordó su hijo.
Sin experiencia formal en gastronomía, Julio decidió apostar por un concepto basado en carnes de calidad y una oferta poco común para la época. “Empezó a traer cortes de calidad, vinos y productos que en los años 70 no eran habituales aquí”, explicó.
Para Mantero, el restaurante no es solo un negocio, sino el escenario de su niñez. “Toda mi infancia fue aquí. Corría por el restaurante, ayudaba en lo que fuera necesario”, contó. Esa conexión se transformó en compromiso desde joven, cuando su
padre le inculcó la disciplina del trabajo. “Me dijo que si quería dinero, tenía que trabajar como cualquier empleado. Llegaba a las 8:00 de la mañana y hacía de todo, desde fregar hasta limpiar cristales”.
Esa formación marcó su vínculo permanente con el restaurante, incluso en momentos difíciles. Tras el fallecimiento de su padre en 2011 y una posterior división de herencia, Mantero se desligó temporalmente del negocio. Sin embargo, el huracán María en 2017
provocó el cierre definitivo del establecimiento bajo la administración familiar de entonces. La oportunidad de retomar el restaurante surgió años después, en medio de la pandemia, cuando su hijo le propuso reabrirlo. “Cuando él me dijo que quería abrir el restaurante, lo vi como una señal. Este negocio nunca dejó de sonar, la gente lo seguía recordando”, expresó. Esa decisión dio paso a un proceso de reconstrucción que tomó años, comenzando con proyectos más pequeños dentro de la propiedad hasta lograr reactivar el restaurante principal.
La nueva etapa mantiene elementos esenciales del concepto original. “Tratamos de conservar la esencia. Las personas que regresen lo van a ver muy parecido a como era antes”, aseguró. El menú también responde a esa nostalgia, con platos tradicionales
que permanecen intactos, complementados con nuevas propuestas acordes a las tendencias actuales.
La carne continúa siendo el eje de la oferta gastronómica, con cortes como churrasco, ribeye y filete mignon, preparados en parrillas abiertas que permiten al comensal observar el proceso. Uno de los aspectos más significativos de la reapertura ha sido la reincorporación de empleados históricos. Doce trabajadores que formaron parte del restaurante antes de su cierre regresaron a sus puestos, incluyendo cocineros y meseros con décadas de experiencia. “No es lo mismo empezar desde cero. Ellos conocen la esencia del lugar y también son parte de la memoria de los clientes”, destacó Mantero. Entre ellos figura Ángel Serrano, quien comenzó a trabajar en el restaurante en 1975. “Aquí hice mi vida. Crié a mis hijas y me desarrollé profesionalmente”, relató. Su
historia refleja el sentido de pertenencia que caracteriza al equipo. “Esto era una familia, no solo un trabajo”, añadió.
La expectativa por la reapertura ha superado las previsiones. Según Mantero, las reservaciones para los primeros días están completas y la respuesta en redes sociales ha sido masiva. “Sabía que iba a haber interés, pero no a esta magnitud. Ha sido un
impacto fuerte, todo el mundo quiere venir”, afirmó.





