La depresión en el Adulto Mayor

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Dra. Vilma A. Roqué Nieves, Ph D. Psicóloga Centro Psicológico ILO

Por: Dra. Vilma A. Roqué Nieves, Ph D.                                     

Psicóloga Centro Psicológico ILO

El envejecimiento es un proceso gradual y adaptativo. La tercera edad suele representar una época de descanso, reflexión y de oportunidades para retomar cosas que fueron pospuestas en la vida. Sin embargo, uno de los aspectos que más afecta al adulto mayor es la percepción que desarrolla de sí mismo, ante las exigencias de la sociedad, y la manera en que afronta la realidad del envejecimiento. La depresión en los adultos mayores es un problema amplio, que no conforma parte del proceso natural del envejecimiento y que en muchas ocasiones, no se reconoce ni se recibe tratamiento.

En reiteradas ocasiones, una autopercepción negativa lleva al adulto mayor a la pérdida del significado o sentido de la vida, y tiende a manifestarse como depresión. Aun cuando se mantienen mentalmente activos, comienzan a considerar que sus vidas carecen de sentido, lo que le impide adquirir y adaptarse a hábitos nuevos y, a las nuevas circunstancias de vida.

Sucesos adyacentes a la tercera edad como lo son algunas condiciones médicas crónicas y debilitantes, la pérdida de amigos, de seres queridos y la incapacidad para participar en actividades que antes disfrutaba, pueden tener como resultado un deterioro del bienestar emocional de una persona que está envejeciendo. Una persona de edad avanzada también puede sentir una pérdida de control sobre su vida. Esto debido a problemas de visión, audición, movilidad u otros cambios físicos importantes. Igualmente, el adulto mayor puede experimentar presiones externas, como lo son los recursos económicos limitados. Estos y otros asuntos suelen provocar un deterioro físico y emocional. En este sentido, pueden experimentar tristeza, ansiedad, soledad y baja autoestima, lo que conduce al aislamiento social y la apatía.

Según estudios realizados, la depresión puede tener efectos físicos alarmantes en adultos mayores. El índice de mortalidad en hombres y mujeres de la tercera edad que tienen depresión y sentimientos de soledad es mayor que el de aquellos que están satisfechos con sus vidas. Además, los sentimientos de desesperanza y aislamiento pueden desencadenar ideas suicidas y otras conductas de riesgo entre las personas mayores, en especial aquellas personas con discapacidades o que están recluidas en hogares de envejecientes.

La psicoterapia puede ser la mejor opción para tratar la depresión leve a moderada. No obstante, para casos graves de depresión, la psicoterapia puede no ser suficiente. Existen estudios que revelan la eficacia de la combinación de medicamentos y psicoterapia para tratar la depresión y reducir la probabilidad de conductas de riesgo o ideación suicida. En algunos casos se prescribe el uso de medicamentos como alternativa para lograr el equilibrio de sustancias químicas en el cerebro, sin embargo, estos deben ser recetados únicamente por especialistas de la salud mental. Igualmente, muchos estudios recalcan en la importancia del apoyo social y familiar para tratar la depresión.

Finalmente, la etapa de adultez tardía no tiene que representar una ruptura con la vida anterior de la persona. La exclusión social es una de las peores consecuencias de la edad avanzada. Es importante que el adulto mayor sea parte de la comunidad en la que se desenvuelve y sea reconocido y validado continuamente. Por lo tanto, las relaciones sociales y familiares fomentan en el adulto mayor el apoyo y bienestar psicológico necesario para esta etapa de la vida.