Reflexionando sobre la criminalidad

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Luis (Luigui) Rivera / lgriveramedina@live.com

Luis (Luigui) Rivera / lgriveramedina@live.com

Por décadas, Puerto Rico ha estado inmerso en una ola de violencia en la que cada año son cientos los que pierden la vida a raíz de la criminalidad. Desde la perspectiva social, el crimen nace por muchos factores, siendo los más comunes la falta de oportunidades, la desigualdad económica, la deserción escolar y la marginación.

Como hemos expresado anteriormente, todo comienza en el hogar. Un hogar disfuncional muy probablemente ayude a fomentar un comportamiento negativo, con desenlace trágico.

La tormenta perfecta la tenemos cuando el ambiente externo a las familias está plagado de diversos mensajes poco alentadores, sumados a la crisis económica que enfrentamos, así como a las deficiencias escolares (que hemos hablado antes), el desmantelamiento de la Universidad de Puerto Rico y la invisibilidad de las agencias de Recreación y Deportes e Instituto de Cultura como promotores de actividades y programas dirigidos a erradicar y prevenir la conducta criminal.

En definitiva, el plan anticrimen está basado en muy poco o nada concreto, donde solo se quiere dar la impresión de que la policía tiene control de la situación, que “By the Way”, tampoco tienen los recursos necesarios y al final de su carrera no los tratan con el respeto y la seguridad económica que merecen, por lo que está más que demostrado que tenemos el plan anticrimen equivocado.

Los efectos del crimen son diversos aparte de la violencia, aunque tratemos de mirar para otro lado para ignorarlo, en ello impera un próspero motor económico. Se estima que sobrepasa una tercera parte de la economía formal del país.

Aunque no paguen contribuciones por sus ingresos como usted y yo lo hacemos todos los meses de abril de cada año, éstos sí pagan impuestos de ventas y usos por su alto nivel de consumo, invierten en vehículos de motor y otros “lujos”, que nos dan una idea clara de cuán poderoso es este negocio ilícito.

Precisamente estos atractivos han ido anteponiéndose a muchas actividades de nuestra economía. Mientras más crezca la economía informal, menos recaudos tendrá el gobierno, por lo que se afectarán negativamente los servicios que todos recibimos. Por ende, habrá menos maestros y policías, aumentará la emigración y seguirán desapareciendo los programas deportivos, artísticos y culturales.

Hay que atacar la parte lucrativa del crimen que es lo que atrae a algunos, especialmente a los más jóvenes. Tal vez, sea meritorio auscultar y estudiar la posibilidad de legalizar, supervisar y regular algunas de las sustancias, para controlar los mercados como se hizo en el pasado con el alcohol y los juegos de azar.

Puerto Rico es un país de muchos talentos, por lo que se deben abrir los espacios para fomentar actividades dirigidas a resaltar las artes y los deportes como actualmente lo hacen entidades sin fines de lucro y municipios. No sería la primera vez que el gobierno active estrategias dirigidas a encaminar a la sociedad a una sana convivencia.

En los años 60 Don Luis Muñoz Marín comenzó una agenda que quedó inconclusa llamada “Operación Serenidad”, creada para establecer un balance y rescatar los valores culturales de los puertorriqueños en momentos en que el crecimiento económico de entonces estaba llevando a la población a un consumismo desmedido. Más deporte y cultura podrían ser la solución. La rueda esta inventada, solo hay que ponerla a correr.